Uno de los secretos mejor guardados esta relacionado con
la Acacia y su relación con el alma del iniciado. A continuación trataremos
de dilucidar tan extraño mito masónico. La idea de que el
alma humana puede quedar depositada por un tiempo más corto o más
largo en algún sitio seguro fuera del cuerpo ya sea
en una planta, una piedra, un lugar, etc. se encuentra en
los cuentos populares de muchas razas.
Recordemos ahora el Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde
- La historia de un encantador joven, culto inteligente y
guapo que, sin embargo, arrastra una vida de perversión. Un amigo de Dorian capta al protagonista
en su momento de máximo esplendor en un cuadro. Observando el cuadro,
Dorian no puede asumir que lo que ve es insuperable, su alma es plasmada
en el cuadro pero, ahora le espera una decadencia sin fin. Sin embargo,
por algún mágico sortilegio es el cuadro el que asumirá la
decadencia de Dorian Gray. Este se sumerge en la podredumbre humana, comete
todo tipo de crímenes y salvajadas, pero su aspecto físico
permanece inalterable. Es el retrato de Dorian el que, como un reflejo
deformado, se transforma en un verdadero monstruo paulatinamente, conforme
su alter ego va cayendo más bajo.
El final es esperado, pero aun así resulta trágico. Dorian
muere delante de su retrato y se intercambian los papeles. Ahora el muerto
es Dorian físico ya monstruoso, y el retrato esta
justo tal cual fue pintado, que vuelve a su forma primigenia.
Este es un ejemplo del alma externada.
Queda por mostrar que esta idea no es una ficción para adornar un
cuento, sino un verdadero artículo de fe primitiva
que ha dado origen a una serie de costumbres correlativas.
Hemos visto que en los cuentos algunas veces el héroe, como preparación
para la batalla, separa el alma de su cuerpo para que éste sea invulnerable
e inmortal en el combate. Con el mismo propósito el
salvaje extrae de su cuerpo el alma en las diversas ocasiones
de peligro real o imaginario.
Entre los indios yaquís, cuando nace un niño llaman al hechicero,
que conjura al alma del recién nacido para que entre en un peyote,
que después cubren con una tela, colocándolo en una bandeja
o fuente cuadrada suspendida con cuerdas del techo. Esta ceremonia se repite
todas las lunas nuevas del año. No explica la finalidad de la ceremonia
el escritor que la describe, pero nosotros podemos conjeturar que se trata
de depositar el alma infantil en un sitio más seguro que su propio
cuerpo frágil y pequeño. Esta hipótesis se confirma
por la razón asignada a otra costumbre similar que se observa en
otros lugares del mundo musulmán.
En las islas de Oceanía, cuando hay un recién nacido en una
casa, puede verse junto a una imagen toscamente tallada de algún
antepasado, colgado a su lado, un coco vacío cuyos pedazos, después
de roto, se han ajustado otra vez. Se cree que el alma del infante está temporalmente
externada y depositada en el coco para que esté a salvo de ataques
de los espíritus malignos; cuando el niño se haga más
fuerte y grande, el alma volverá a su morada permanente en su propio
cuerpo. De igual manera, entre los esquimales de Alaska, cuando un niño
está enfermo, algunas veces el curandero extrae el alma de su cuerpo
y la interna, para asegurarla, en un amuleto que, para más
seguridad, deposita en su propio saco de medicinas.
Creemos probable que de igual modo se hayan considerado muchos
amuletos como cajas para almas, o sea, a modo de "cajas fuertes" en las
que sus propietarios guardan las almas para mayor seguridad suya. Una vieja
hechicera dogon, acostumbraba a llevar colgando del cuello un adorno de
marfil hueco y de unos ocho centímetros de largo que
ella llamaba su alma o su vida.
Simbólicamente en muchas tribus el hombre recibe en su iniciación
una piedra que da la idea de un alma y creen que desde entonces su alma
está ligada de cierta manera a la piedra. La ruptura es un mal presagio:
dicen que el trueno ha roto la piedra y su dueño morirá pronto.
Si por el contrario, el hombre sobrevive a la efracción de su "piedra-alma",
dicen que no era una "piedra-alma" apropiada y ponen otra en
su lugar. El emperador Romano Lecapeno fue informado por un astrólogo
de que la vida de Simeón, príncipe de Bulgaria, estaba ligado
a cierta columna de Constantinopla, de tal modo que, si se quitase el capitel
a la columna, Simeón moriría inmediatamente.
El emperador aprovechó la insinuación y mandó que
quitaran el capitel; más tarde, y habiendo ordenado que se hiciera
una investigación, Romano Lecapeno llegó a saber que Simeón
había muerto en Bulgaria, de una enfermedad cardiaca, a la misma
hora. También hemos visto que en los cuentos populares
un alma humana.
Hemos observado que en los cuentos populares la vida de una
persona está en
ocasiones tan ligada a la vida de una planta que su marchitamiento precederá o
seguirá a la muerte de la persona. Entre los M'bengas del África
Occidental, cerca del Gabón, cuando dos niños nacen el mismo
día, la gente planta dos árboles de la misma clase y bailan
alrededor de ellos. La vida de cada uno de los dos niños se cree
unida a la de uno de los dos árboles y si el árbol muere
o es arrancado, están seguros de que la criatura morirá pronto.
En Camarones también creen que
la vida de una persona está unida
mágicamente con la de un árbol. Un hechicero
indígena,
en México, tenía su alma en un cerro sagrado
cerca de un manantial. Cuando algunos jóvenes, por
diversión o ignorancia,
deforestaron el cerro, el espíritu estaba indignadísimo
y amenazó a los autores de la hazaña, con toda
clase de males. Algunos pueblos navajos unen mágicamente
la vida de un recién
nacido con la de un árbol introduciendo un guija en
la corteza del árbol.
Se cree que esto le da completo dominio sobre la vida del
niño;
si cortan el árbol, el niño morirá.
Después de un nacimiento, los maoríes solían
enterrar el cordón umbilical en un lugar sagrado y
plantar encima un renuevo. En su crecimiento, el árbol
era un Tohu oranga o signo índice
de la vida del niño: Si el árbol prosperaba,
el niño
perada; si se marchitaba y secaba, los padres auguraban lo
peor para su pequeñuelo.
En algunas partes de las Islas Fiji
plantan juntos el cordón umbilical
de un niño y un cocotero o un esqueje de "árbol
del pan" y la vida infantil se supone que está íntimamente
conectada con la del árbol.
Entre los dayakos de Landak y Tajan, distritos del Borneo
holandés,
es costumbre plantar un árbol frutal por cada niño,
y en adelante, según la creencia popular, el hado
de la criatura está ligado
con el del árbol: Si el árbol crece rápida
y normalmente, todo irá bien para el niño,
pero si el árbol crece
raquítico y torcido, no puede esperarse nada bueno
para su asociado humano.
Se cuenta que hay todavía familias en Rusia, Alemania,
Inglaterra, Francia e Italia que acostumbran plantar un árbol
al nacimiento de un hijo. Se confía que el árbol
crecerá a compás
del niño y le atienden con cuidados especiales. La
costumbre todavía
es bastante general en el cantón de Aargau, en Suiza:
Para un niño
plantan un manzano y para una niña un peral, y la
gente cree que el niño medrará o descaecerá con
el árbol.
En Mecklemburgo arrojan las secundinas al pie de un árbol
joven, y se cree que el niño desde entonces crecerá con
el árbol.
Cerca del Castillo de Dalhousie, no lejos de Edimburgo, crece
un roble llamado el Árbol Edgewell, del que es opinión
popular que está conectado a la suerte de la familia
por un lazo misterioso, pues dicen que cuando alguno de la
familia muere o está próximo
a morir, se desprende una rama del Árbol Edgewell.
De ahí que cuando, en un día plácido
y sereno del mes de julio de 1874, cayó una gran rama
del árbol, un viejo
guardabosques exclamó al verlo: "¡El Lord
ha muerto ahora mismo!".
Poco después llegaron noticias de de la muerte de
Fox Maule, undécimo
Conde de Dalhousie. En Inglaterra, algunas veces pasan a
los niños
por la hendidura de un fresno como un remedio para la hernia
o el raquitismo, y en adelante suponen que existe una conexión
simpática entre
ellos y el árbol. Un fresno que fue usado para este
propósito
crecía en la linde de Shirley Heath, en el camino
de Hockly House a Birmingham: "Thomas Chillingworth,
hijo del propietario de una hacienda colindante, que tiene
ahora treinta y cuatro años, cuando tenía
uno de edad, fue pasado a través de un árbol
parecido, ahora perfectamente sano, el cual cuida con tanta
precaución que no consentiría
que se tocase una sola rama; creen que la vida del herniado
depende de la vida del árbol y en el momento en que
se talase, aunque el paciente esté muy distante, la
quebradura vuelve y sobreviene la inflamación,
terminando en la muerte, como fue el caso de un hombre que
guiaba una carreta por el camino en cuestión". "No
es infrecuente, sin embargo, añade el escritor, que
haya personas que sobrevivan por algún
tiempo a la caída del árbol".
El proceder corriente de efectuar la cura es hender un renuevo
de fresno longitudinalmente como a lo largo de un metro y
pasar y repasar tres veces o tres veces tres al niño desnudo a través de la hendidura
al amanecer. En el oeste de Inglaterra se dice que la pasada-debe de ser
a "contra sol". En cuanto la ceremonia se ha ejecutado, atan
fuertemente el árbol, cerrando la hendidura y emplasteciéndola
con barro o arcilla. Se cree que de igual manera que se cierra la hendidura
en el árbol, así la quebradura del cuerpo del niño
cicatriza, pero que si la raja del árbol permanece abierta la quebradura
del niño quedará así, y si el árbol muriera,
con toda seguridad sobrevendría también la muerte del niño.
Una cura parecida para varias enfermedades,
pero especialmente para las quebraduras y el raquitismo,
se ha practicado corrientemente en otras partes de Europa
como Alemania, Francia, Dinamarca y Suecia, pero en esos
países
el árbol empleado con este fin por lo general no es
un fresno, sino un roble: algunas veces se permite y aun
se prescribe en su lugar un sauce.
En Mecklemburgo, como en Inglaterra, la relación simpática
así establecida entre el árbol y el niño
se cree tan estrecha que si el árbol se tala, el niño
morirá.
La noción de un alma externada se ha seguido hasta
ahora en los cuentos populares de los pueblos antiguos. En
el Egipto antiguo, el cuento de "Los dos hermanos",
que fue escrito bajo el reinado de Ramsés
II, hacia el año 1300 antes de nuestra era, describe
cómo
uno de los dos hermanos hechizó su propio corazón
y lo colocó en
la flor de una acacia, y cómo al cortarse la flor
por instigaciones de su mujer, cayó muerto pero resucitó cuando
su hermano encontró el corazón perdido en el
fruto de la acacia y lo depositó en una copa de agua
fresca.
Uno de los símbolos masónicos tomado del reino vegetal es
la Acacia, es un árbol muy común en la Península de
Sinaí, desierto de Negeb, pero, salvo en las inmediaciones del Jordán,
poco común en el resto de Palestina. Es el símbolo
de la vida y la inmortalidad.
La Acacia recuerda, que una de sus ramas sirvió para cubrir el cuerpo
de un Ilustre Maestro. Es para los masones modernos lo que fue el Lotus
de las iniciaciones egipcias, el Mirto de los misterios de Eleusis de Grecia,
el Muérdago de los Druidas de la Galia, y tiene la misma interpretación
simbólica que le damos en la actualidad.
La Acacia en Masonería, no es una planta en sí, es un simbolismo,
simboliza el alma del masón, comparada mágicamente con una
Acacia que aún siendo cortada permanece siempre con
verdor, siempre Viva...